En 1600 tuvo lugar la batalla de Sekigahara (関ヶ原の戦い), uno de los acontecimientos decisivos en el proceso que llevó a Tokugawa Ieyasu al poder. Poco después, en 1603, se estableció el shogunato Tokugawa y comenzó el periodo Edo (江戸時代, 1603-1868), una larga etapa de estabilidad política y paz interna. Durante más de dos siglos, los samuráis continuaron formando parte del orden social japonés, pero para muchos de ellos la espada dejó progresivamente de ser una herramienta utilizada habitualmente en el campo de batalla y adquirió también un fuerte significado de rango y estatus. El Metropolitan Museum señala precisamente que las espadas y sus accesorios se convirtieron durante el periodo Edo en símbolos indispensables de autoridad y en importantes medios de expresión personal.

Pero aquella relación entre el samurái y la espada cambió radicalmente con la llegada de la era Meiji (明治時代, 1868-1912). En 1876, el gobierno promulgó el Haitōrei (廃刀令), una normativa que prohibía el porte público de espadas a determinadas personas. El cambio afectó profundamente a la antigua clase guerrera y también a los artesanos que habían vivido durante generaciones de la fabricación y decoración de espadas. El propio Metropolitan Museum conserva obras realizadas después de 1876 por maestros que continuaron trabajando, en algunos casos reproduciendo estilos de hojas antiguas.

La espada, sin embargo, no desapareció. Cambió su lugar.

Durante la modernización de Japón, las antiguas tradiciones de entrenamiento con armas fueron dando paso a nuevas formas de entender la práctica marcial. Algunas disciplinas conservaron técnicas transmitidas desde escuelas antiguas, pero comenzaron a adquirir también una dimensión educativa y de formación personal. En este contexto se desarrolló la concepción moderna del budō (武道), entendido como un «camino» de práctica y perfeccionamiento a través de una disciplina marcial.

Una de las disciplinas que mantuvo viva la tradición del desenvainado fue el iaidō (居合道). Su práctica se basa principalmente en la ejecución individual de kata (型), formas establecidas que comienzan y terminan con la espada envainada. El practicante reproduce una situación de combate imaginaria y trabaja de manera precisa la postura, el desplazamiento, el desenvainado, el corte, el chiburi (血振り), relacionado con el gesto tradicional de limpiar simbólicamente la hoja, y finalmente el nōtō (納刀), el proceso de volver a introducirla en la vaina. No se trata de un combate libre entre dos personas, sino de una práctica técnica basada en formas.

Existen numerosas escuelas y tradiciones de iaidō. Algunas conservan líneas de transmisión que se remontan varios siglos atrás. Entre ellas se encuentra el Musō Jikiden Eishin-ryū, una de las tradiciones antiguas de iaijutsu que continúan practicándose en la actualidad. Esto permite entender una diferencia importante: el iaidō moderno no nació de la nada después de 1876, sino que recoge y reorganiza tradiciones mucho más antiguas dentro de un marco de práctica contemporáneo.

Junto al iaidō encontramos también el battōdō (抜刀道), término utilizado para prácticas centradas en las técnicas de desenvainado y corte. Dependiendo de la escuela y de la tradición, estas disciplinas pueden tener objetivos y métodos diferentes, por lo que no deben considerarse simplemente nombres intercambiables para una misma actividad.

Y aquí aparece una cuestión fundamental: ¿con qué espada se entrena?

Utilizar una hoja japonesa auténticamente afilada para practicar miles de veces los movimientos del iaidō supondría un riesgo innecesario. Por eso existen los iaitō (居合刀), espadas destinadas al entrenamiento que normalmente no poseen un filo cortante. Permiten trabajar el manejo, el desenvainado y el envainado de una espada sin convertir cada error técnico en un corte real. Su construcción puede variar según el fabricante y el tipo de pieza, por lo que no debe suponerse que todos los iaitō tienen exactamente el mismo peso, equilibrio o materiales.

También conviene distinguir entre «espada de entrenamiento» e «iaitō». Una espada de entrenamiento es un concepto más amplio: puede referirse a diferentes piezas destinadas a practicar determinadas técnicas, mientras que el término iaitō se utiliza específicamente para espadas destinadas principalmente a la práctica de iaidō y otras formas de entrenamiento con espada. Por eso, no toda pieza comercial presentada como espada de entrenamiento debe identificarse automáticamente como un iaitō tradicional.

La situación es diferente cuando se practica tameshigiri (試し斬り), el corte de prueba. En esta disciplina se emplea una hoja con capacidad real de corte para trabajar sobre objetivos apropiados, tradicionalmente entre ellos el tatami omote enrollado. Aquí la técnica deja de ser únicamente una representación formal: la hoja debe atravesar físicamente el objetivo y el practicante tiene que controlar con precisión el ángulo, la trayectoria y la ejecución del corte.

Así, la historia de la espada japonesa no termina cuando deja de ser un arma habitual de guerra.

Primero fue una herramienta de combate. Después se convirtió también en símbolo de estatus. Y, con el paso del tiempo, algunas de las técnicas asociadas a ella encontraron una nueva vida como disciplinas de entrenamiento.

La espada cambió de escenario, pero no desapareció.

Pasó del campo de batalla al dōjō.

Y allí, frente a un adversario que ya no está presente, el objetivo dejó de ser únicamente vencer a otro.

También pasó a ser aprender a controlar el propio movimiento.

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